Un escalofrío recorrió a Cristina. Su cuerpo, que apenas había recuperado la calma, volvió a temblar mientras la piel se le erizaba por completo. Se dejó caer sin fuerzas en los brazos de Paolo, pero su mente seguía fija en la seguridad de Toto. Intentó apartarlo con sus manos débiles, su voz entrecortada por los temblores.
—Suélteme... Ya no quiero... Dígame si de verdad... si de verdad a Toto... ¿le hizo daño?
Los dedos de Paolo apretaron con fuerza el sensible botón de su pecho, que al insta