Cristina lo observó, considerando sus palabras. Tenía razón. Lentamente, relajó la postura y bajó la mirada con aire de derrota.
—Está bien, me quedo con el mismo vestido.
—Perfecto. Termina de comer algo rápido. Yo me cambio y nos vamos.
Angelo sonrió, complacido, y se dirigió a su habitación.
Ella se quedó viendo cómo se alejaba y después bajó la mirada.
Poco después, Sofia le llevó un vaso de leche y un sándwich. La verdad es que sí tenía algo de hambre, así que tomó el vaso y se bebió la le