Marie sonrió con la mirada, incluso al recordar el pasado, su cara irradiaba felicidad. Miró a la joven y habló.
—¡Es el hombre más maravilloso que he conocido en este mundo!
Sin duda, ese era el elogio más alto que una mujer podía dedicarle a su pareja.
Inmersa en sus memorias felices, sus ojos parecieron sonreír.
—Al mes de conocernos, quedé embarazada, así que me llevó a su castillo.
—¿Un castillo? ¿Como en los cuentos de hadas?
A Cristina la historia le parecía cada vez más fantástica, pero