Ciro encontró la habitación que Cristina había visitado el día anterior. Al empujar la puerta, la tensión en su cara desapareció; saludó con una sonrisa, cerró tras de sí y entró. La chica en la cama observó a Ciro. Sus ojos, de un negro profundo, se movieron con curiosidad antes de dirigirse hacia Cristina con una mirada interrogante. Parecía que Cristina entendía lo que pasaba por la mente de la paciente. Sonrió mientras le daba de comer un poco de sopa y le habló con suavidad.
—Es mi hermano