Paolo se quedó desconcertado. Sabía que Genaro solía actuar de forma impredecible y que se llevaba bien con su asistente, pero jamás imaginó que la trataría de esa manera.
—¡No olvides que fue Paolo quien te entregó a mí con sus propias manos! ¡Él no te quiere y nunca te querrá!
Genaro arrastró a Susan de regreso al departamento como si hubiera perdido la razón. La puerta se cerró y le arrancó la ropa con violencia, inmovilizándola contra la madera. Separó sus piernas y la penetró sin ninguna p