En cuanto entró, Cristina se dejó caer pesadamente sobre el sofá de cuero de alta gama, frotándose con fuerza una y otra vez... Se sentía muy bien volver a un lugar familiar.
Ciro sonrió al ver sus pequeños movimientos felinos y sonrió.
—Gio volverá a decir que arruinaste su sofá caro cuando regrese.
—¡Que se atreva!
Cristina agarró el oso de peluche que yacía tranquilamente en el sofá y lo apretó con fuerza.
—¡Si se atreve, le arrancaré esa cara de engreído que tiene!
—Mira qué pobre oso, apen