A miles de kilómetros de distancia. Seúl, Corea.
Once de la noche. La nieve blanca caía por todo el cielo. Cristina, envuelta en un grueso abrigo de algodón, caminaba por una calle cubierta con una capa espesa de nieve.
Su pequeña mano había estado apretando el celular con fuerza, pero aún no había recibido la llamada de Paolo.
Frunció los labios, pálidos por el viento helado, y dejó escapar un gruñido bajo.
"¿Qué le pasa a este tipo? Quedamos en que me llamaría en la noche y hasta ahora nada.