Los dedos de Cristina temblaban. Estaba nerviosa, con la mirada fija en la pantalla de la computadora.
La interfaz limpia y sencilla en blanco y negro se abrió lentamente ante sus ojos.
Cristina se quedó pasmada observando el programa que acababa de desbloquearse.
¿Qué le pasaba a Paolo? ¿Usar su cumpleaños como contraseña para todo?
Sin embargo, en el fondo se sentía feliz. Tenía esa sensación de mariposas en el estómago, como una adolescente enamorada. Que alguien recordara su cumpleaños siempre era motivo de alegría.
Incluso si esa persona era tan cínica, descarada y malvada como él.
Cristina miró la interfaz en blanco y movió el cursor sin rumbo fijo. Era un programa que nunca había usado, pero por lo que veía, parecía ser un diario personal privado.
Pero... si usaba su cumpleaños como contraseña, ¿tal vez contenía cosas relacionadas con ella?
Al pensar así, su sentimiento de culpa disminuyó un poco. Su interés por aquel diario aumentó.
De todas formas, solo echaría un vistazo ráp