Cristina sintió un vuelco en el estómago y tardó unos segundos en reaccionar.
—¿Yo? ¿Y a qué voy a ir?
Paolo sostenía un cigarrillo entre sus dedos. Al escuchar la respuesta, dio una calada profunda.
—Puedes hacer lo que quieras.
—Mi trabajo está aquí. No quiero ir —respondió ella, mordiéndose el labio inferior con ansiedad. Imaginaba la expresión de molestia de Paolo y su corazón comenzó a acelerarse.
Paolo apagó el cigarrillo con brusquedad contra el cenicero y dijo con resolución.
—Allá tamb