Ella sintió una inmensa alegría en todo su ser y su mirada recorrió suavemente los ojos de él.
—¿Cómo me encontraste?
—Por intuición... vi una foto tuya trabajando por accidente —la mirada de Paolo se desvió hacia otro lado—. En ese momento, Susan dijo que seguro no eras tú, pero yo sentía que sí. Al final, los hechos demostraron que tenía razón.
—¿Cómo supiste que era yo? Mi cara... —ella cerró los ojos.
Paolo suspiró.
—Te vi crecer, ¿cómo no iba a sentir que eras tú? Hace tres años, si no hubiera sido por la prisa, jamás habría caído en la trampa de Ciro. ¡Maldita sea! Me da coraje solo de pensarlo. Y tú, niña ingrata, ¡viste cómo me engañaban y no saliste a impedirlo!
—¿Cómo iba a impedirlo? No quería que me vieras así, y además en ese momento ya habías anunciado tu compromiso.
Él la abrazó con más fuerza y depositó un beso ardiente en su frente.
—Tonta, ¿cómo iba a despreciarte? La noticia del compromiso fue un accidente y hace mucho que quedó en nada.
Los besos apasionados descen