Paolo se rio divertido y le acarició el cabello con cariño.
—No te preocupes. Sé lo que hago. Jamás dejaría que nadie te viera así. Si alguien se atreve a mirarte, lo mato.
—¡Si supieras lo que haces no habrías grabado esa vulgaridad para empezar! —Cristina le quitó la mano de un manotazo, con la cara descompuesta por la furia.
Paolo se mordió el labio y sonrió con amargura, volviendo a ponerle la mano en la cabeza.
—No me regañes... En ese momento lo grabé por la emoción, pero si no hubiera tenido este video, no sé cómo habría sobrevivido estos tres años sin ti.
Cristina se puso roja hasta las orejas y le lanzó una mirada fulminante.
—¿Y... ves eso cuando no puedes dormir?
—Eso es solo el calentamiento... —dijo él pellizcándole la barbilla con tono provocador.
—¡Cochino! ¿Y luego?
—Pues luego... me voy al baño —suspiró.
—¿Al baño a qué? No me digas que a... hacer eso... —Cristina se mordió el labio.
—¿A qué más se va al baño? ¡A bañarme con agua fría! ¿Qué te estás imaginando? Luego