Paolo se rio divertido y le acarició el cabello con cariño.
—No te preocupes. Sé lo que hago. Jamás dejaría que nadie te viera así. Si alguien se atreve a mirarte, lo mato.
—¡Si supieras lo que haces no habrías grabado esa vulgaridad para empezar! —Cristina le quitó la mano de un manotazo, con la cara descompuesta por la furia.
Paolo se mordió el labio y sonrió con amargura, volviendo a ponerle la mano en la cabeza.
—No me regañes... En ese momento lo grabé por la emoción, pero si no hubiera te