Desde que Cristina desapareció, los ojos de él habían perdido el brillo, como si carecieran de alma. ¿Qué podía haberle devuelto la vida de esa manera? Exacto, Cristina.
Susan echó un vistazo rápido a la foto en su mano y adivinó lo que pensaba. Negó, arrojándole un balde de realidad.
—Jefe, no empiece a imaginar cosas. Esa mujer no puede ser Cristina.
—¡Es ella! —insistió él, apretando la foto como si fuera su salvavidas.
Esta vez no confiaba solo en sus ojos, sino en su instinto. Su corazón l