Valeria pasó toda la noche en el suelo de la cocina.
No se movió. No comió. No durmió.
Cuando el sol comenzó a filtrarse por los enormes ventanales del penthouse, su cuerpo ya no respondía como debería. Tenía frío, le dolía el estómago y la cabeza le daba vueltas por la falta de comida.
Escuchó pasos acercándose. No levantó la mirada. Ya sabía quién era.
Alejandro se detuvo frente a ella. Se quedó varios segundos observándola en silencio, con el rostro completamente inexpresivo.
—Levántate —ord