Valeria pasó el día entero con los nervios a flor de piel. Damián había salido temprano por “asuntos urgentes” y le había dejado instrucciones claras: debía prepararse para recibir a Viktor a las nueve de la noche en el penthouse. Solo. Sin cámaras en la habitación principal. Damián estaría vigilando desde otro lugar, pero le había dado “permiso” para hacer lo necesario.
Ella sabía que era una prueba. Y una trampa.
Se duchó lentamente, dejando que el agua caliente relajara sus músculos tensos.