Treinta y dos años después
La casa blanca frente al mar ya era casi un monumento. Las enredaderas cubrían gran parte de las paredes y el jardín se había convertido en un pequeño bosque de recuerdos: el árbol que Luca plantó cuando tenía diez años, el rosal que Elena cuidaba con devoción, y el banco de madera donde Valeria y Mateo se sentaban cada atardecer.
Valeria tenía setenta y cuatro años. Su cuerpo ya no era el mismo, pero su mirada seguía siendo clara y profunda. Estaba sentada en su mece