Valeria bajó al salón principal a la mañana siguiente con el ánimo hecho un nudo. Apenas había dormido después de la conversación de madrugada con Alejandro. Las palabras de él seguían dando vueltas en su cabeza como un eco constante.
Lo encontró de pie junto a los ventanales, hablando por teléfono. Llevaba un traje gris oscuro que le sentaba como una segunda piel. Cuando la vio entrar, terminó la llamada inmediatamente y guardó el teléfono.
—Buenos días —dijo, recorriéndola con la mirada—. Te