Valeria se despertó sobresaltada cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse. La luz del pasillo iluminó la oscuridad por un momento antes de que volviera a cerrarse. Se incorporó rápidamente en la cama, alerta.
Alejandro estaba de pie junto a la puerta, observándola en silencio. Solo llevaba un pantalón de pijama negro, el torso descubierto. Su presencia parecía llenar toda la habitación.
—¿Qué haces aquí? —preguntó ella con voz ronca, aún adormilada.
—Quería verte —respondió él simpleme