Valeria pasó el resto del día encerrada en su habitación, con la mente hecha un desastre. Las palabras de Alejandro seguían resonando en su cabeza como un eco constante: “Si vuelves a sonreírle a otro hombre, te aseguro que ese hombre no volverá a sonreír nunca más.”
No era una amenaza vacía. Ella lo sabía.
Cuando cayó la noche, decidió que ya había tenido suficiente. No podía seguir esperando pasivamente a que Alejandro decidiera su destino. Tenía que intentar escapar.
Esperó hasta pasada la m