Grindelwald no entendía porque Rosseta no desvanecía ante su magia, era como si algo la protegiera. Enfurecido, concentró todo su poder y empezó a atacar despiadado, sin tener ningún resultado, Rosseta estaba intacta y con un gran campo de fuerza a su alrededor.
Juntó ambas manos y creó una gran bola de fuego, antes de lanzarla un rayó oscuro lo interceptó, haciendo que volara por los aires y rompiendo cada árbol que estuviera a su paso, hasta terminar en una gran roca y deslizarse en el suelo i