Rosseta empezaba a despertar, unas manos la sujetaban por la espalda hasta posarse en su abdomen. Miró hacia arriba y observó a Albuz dormir junto a ella. Muy despacio se movió y con las yemas de sus dedos empezó a tocar su rostro. Tan suave piel recorría con sus dedos curiosa, estiró sus labios por sentirlo. Ayer en la noche se había abierto un paso a ella, después de aquel baño tan repentino decidieron dormir juntos manteniendo su abstención a ella hasta dentro de cinco días más.
Cuando Albuz