Mundo ficciónIniciar sesiónLa oscuridad siguió allí cuando Samantha se despertó. Quizás seguía dormida. Llegó a su nariz la fragancia del suavizante para tela al que olían las sábanas de su jefe y también sus almohadas y lo recordó todo. Se llevó una mano a la cara. Fue sujetada sobre su cabeza antes de llegar a tocar el antifaz.
—No te he dado permiso de quitártelo.
Él estaba despierto quién sabía desde cuándo, haciendo quién sabía qué. Esto de no ver la ponía en desventaja.







