Brown luchaba por mantener el control de sus emociones. Había tomado la decisión, y ahora se odiaba por haber malinterpretado la situación. Maldijo su propia estupidez: su corazón se había involucrado demasiado cuando se trataba de esa chica, y eso lo había llevado a cometer un error.
Al verlo callar, los pensamientos de Livia comenzaron a desbordarse, cada posibilidad girando hacia lo peor.
—¿Por qué no la llamaste? No me digas que regañaste a Kylie sin siquiera escuchar su versión primero —la