Capítulo 37; Un rey benevolente, pero justo para castigar.
—¿Qué puedo decir?— dijo burlona—ni siquiera tú que eres hombre' recalcó con sorna— Sabes organizar tu negocio.
—Tienes una lengua muy afilada— tomó una daga y la desenvainó acariciando el filoso borde, intentando intimidarla— serías un insulto al Emir. Pero a uno de los jefes de clanes quizás le agrade domarte, serías una prostituta muy problemática, aunque nada que unos golpes no puedan resolver.
—¡Maldito!— le dijo en un amenazador susurro.
—Así me han dicho antes— rio burlón— aunque pensán