Capítulo 58; Conversaciones.
La llegada a Palacio había sido una locura, todos gritaban de felicidad por el inesperado reencuentro, la dicha había inundado el lugar, abrazos, risas y más abrazos. Isabella, sostuvo con fuerza a su pequeña contra su pecho, trasmitiéndole todo el calor y el amor que tenía guardado para ella.
—¡Mi amor, mi gran tesoro, mi Isabdiella!— decía con felicidad.
—Madre, estoy tan feliz de estar nuevamente aquí— se abrazó con fuerza a la cintura de su madre.
—¡Nosotros también estamos felices!— aseg