Primero cambiaron la ropa que Valeria les había comprado, y luego empezaron a enseñarles otras habilidades.
Con el tiempo, pensaba Carolina, los niños se irían acercando más a ella.
Pero Carolina había olvidado lo más importante: los niños ya tenían seis años.
A esa edad, ya podían pensar por sí mismos y habían formado sus propios hábitos de vida.
Con esa forma de imponerse a la fuerza, lo único que lograría sería lo contrario.
—Hermano, deja, yo corto. —dijo Sofía.
—No pasa nada, hermana.
Mamá