Carolina mostró una expresión de total desconcierto.
—¿De qué hablas?
Mónica apretó levemente los dientes.
Sabía que, aunque se humillara y cediera ante ellos, probablemente no aceptarían, e incluso usarían sus puntos débiles para atacarla sin parar.
Mirando a los dos, preguntó en voz baja:
—Yo no tengo nada que ofrecerles. Ustedes saben lo mala que soy. Si me enloquezco, ¿no temen que los arrastre conmigo?
Su tono no era amenazante; parecía simplemente exponer un hecho.
Carolina replicó:
—Que t