¡Esa desgraciada de Mónica no hacía nada en todo el mes y aún así ascendía y ganaba más!
¡Tres mil al mes!
¿Y ella?
Trabajando duro, sin quejarse, ¡ni siquiera llega a los dos mil!
Cada vez que pensaba en eso, Carolina sentía ganas de matar.
Y así, lo soltó sin pensarlo.
Sebastián, que apenas se recuperaba de los insultos, la escuchó decir que quería matar a alguien.
—Eso suena fatal. Olvídalo ahora mismo —dijo él, frunciendo el ceño.
Carolina, con expresión impasible:
—Solo lo dije sin pensar,