Mónica se detuvo un par de segundos, como conteniendo sus emociones.
Preguntó:
—¿No puedes sostener las arepas tú sola?
La zona tenía pocos restaurantes con comida latinoamericana, y menos aún puestos de desayuno típicos.
Ella y Inés habían tomado un taxi durante media hora para conseguirlas.
Carolina parpadeó.
—Las arepas sí puedo tomarlas, pero tienes que pelarme el huevo. Y la avena, me la tienes que dar de comer.
Inés intervino.
—Yo lo hago.
Carolina se negó.
—No. No acepto comida que haya t