Por otro lado.
Mónica, al volver a casa después del trabajo, no comió, no se cambió de ropa, ni se quitó el maquillaje.
Permaneció sentada en el sofá de la sala, esperando que Andrés regresara.
Las empleadas notaban su mal humor y no se atrevían a acercarse, dedicándose silenciosamente a sus tareas.
Alrededor de las once de la noche, Andrés regresó sin prisa.
Ni siquiera miró hacia la sala.
Mónica no había encendido la luz; solo observaba cómo Andrés se cambiaba de zapatos y se servía un vaso de