En el auto, Adrián notó que Valeria y Eduardo viajaban en su propio vehículo.
Pensó un momento.
—Mónica, súbete en mi auto.
Mónica sonrió con cortesía y agradecimiento.
—Disculpe las molestias, Señor Reyes.
—No hay problema. Faltaba una traductora más —dijo Adrián.
Pronto, apareció Carolina a la entrada del hotel y se acercó corriendo.
El chofer de Adrián indicó:
—Vaya con el Señor Reyes.
Carolina asintió.
—¡Gracias, Señor Reyes!
Eran cuatro asientos.
Mónica se adelantó y se sentó en la parte tr