Al escucharlo, Mónica se volvió bruscamente.
Le sorprendió que Sebastián hablara a su favor.
Después de todo, él odiaba profundamente a Carolina; era imposible que se convirtieran en aliados.
—Sebastián, yo realmente… ay —Mónica adoptó nuevamente su expresión de víctima indefensa y acosada.
Carolina estaba a punto de insultar a Sebastián por imbécil, pero entonces él cambió el tono.
—Eso, si es que tiene corazón y cerebro. Lo más seguro es que lo único que le queda es un descaro monumental, de e