Mónica sentía que los dientes le crujían de tanta presión. A regañadientes, regresó a la fila detrás de Carolina.
Dijo con voz sombría:
—Haga el favor de avanzar un poco más rápido.
Carolina frunció los labios y se volvió.
—¿Tienes prisa? Pues vete volando, ¿qué haces perdiendo el tiempo en la fila?
—¡Tú! —Mónica sentía un dolor opresivo en el pecho.
Finalmente, al abordar, para su desgracia, Mónica descubrió que su asiento estaba justo al lado de Carolina.
Carolina tenía el asiento junto a la v