Mónica se fue.
Renato no dio orden de detenerla.
Era de madrugada, y de todos modos no era buen momento para llamar a los medios.
En la zona de hospitalización había otros pacientes. Una persona debía asumir sus actos, pero sin afectar a quienes se estaban recuperando.
—Renato, ¿no temes que huya? —preguntó el asistente.
Renato revisaba archivos en su laptop.
—¿A dónde podría ir? Todo su mundo está aquí.
Aunque huyera, no importaba. Mientras los señores Flores cumplieran, el efecto sería el mi