—Señor Castro, es un honor recibirlo —dijo Andrés con una sonrisa, extendiendo la mano.
Al salir del ascensor, Eduardo la estrechó.
—Señor Molina, llevaba tiempo deseando conocerlo.
Andrés lo condujo personalmente.
—Por aquí, por favor.
Los dos conversaron a solas en la sala privada durante unos cuarenta minutos.
Cuando se abrió la puerta, Andrés comentó:
—Señor Castro, espero que en el futuro podamos cooperar de manera fructífera.
—Sin duda lo será —respondió Eduardo.
Andrés acompañó a Eduar