Las palabras de su hija le provocaron una punzada amarga en el corazón. Las lágrimas le caían sin control.
Acarició el rostro de Mónica.
—Cuando yo no esté, tendrás que aprender a protegerte. Tu padre es muy orgulloso, difícilmente cede. Y lo que hay entre tú y Valeria...
—Mónica, déjalo ir. Vive tu vida bien. Solo así mamá podrá irse tranquila.
Durante estos días, la Señora Flores había intentado aceptar la realidad de que pronto partiría, mientras se preocupaba por su única hija.
Las familias