Eduardo ya lo sabía. Bob le había llamado, y él canceló de inmediato todos sus compromisos laborales del día para ir allí.
Luego, miró a Sebastián.
—Señor Jiménez, ¿le parece apropiado seguir acosando de esta manera a mi novia?
A Sebastián no le gustaba perder la dignidad delante de él. Frunció el ceño.
—Mis hijos fueron envenenados y sucedió en casa de los Herrera. ¿No puedo hacer unas preguntas?
—Vaya, parece que el tiempo que el Señor Jiménez ha estado ausente lo dedicó a aprender de invest