—La Señorita Flores es hermosa y de buen corazón, con un carácter intachable. Jamás haría eso. La Señorita Herrera siempre ha hecho lo que quiere. Ay.
—Sí. Además, a Mónica ni le tocaba cargar con esos niños. Valeria, al cambiarlo por Eduardo, esto ya es puro clasismo: dejó al pobre para aferrarse al rico.
Este tipo de comentarios continuó circulando hasta la noche de Año Nuevo, llegando incluso a la mesa de la cena familiar de los Herrera.
En la hacienda de los Herrera, los fuegos artificiales