Capítulo 306
Temía que todo fuera un sueño; temía que al abrir los ojos, Valeria siguiera al lado de Sebastián.

El corazón de Valeria se apretó inexplicablemente.

No sabía si era compasión o qué, pero levantó la mano y acarició suavemente sus ojos.

—¿No dormiste bien?

El contacto de ella hizo que el pecho de Eduardo se estremeciera. Su voz seguía grave y ronca:

—No dormí nada.

Valeria respiró hondo.

—Pues deberías dormir.

Eduardo solo la miraba, inmóvil.

La tenía atrapada en sus brazos, sin posibilidad de
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