Capítulo 307
Esta frase tenía dos posibles interpretaciones: una, que el humo del cigarrillo que él fumaba no era demasiado fuerte, que podía tolerarse; otra, que ella podía aceptar que él fumara.

Eduardo no era tan vanidoso como para darle demasiadas vueltas.

Sin embargo, Valeria pareció entender lo que significaban esos dos segundos de silencio y sonrió con complicidad por un momento.

—No te odio —aclaró—, así que creo que puedo aceptar cualquier cosa que hagas delante de mí.

Eduardo era, podría decirse,
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