En cuanto a lo que le ocurrió aquella noche, aún necesita investigarlo en privado con cautela.
De pronto, Carolina se lanzó hacia él y lo abrazó con desesperación.
—¡Gracias! ¡De verdad, gracias!
Sebastián se resistió por instinto; una breve expresión de repulsión cruzó sus ojos antes de que la suprimiera.
Se repitó una y otra vez que Carolina era la víctima... que él debía ser mejor con ella, aunque algo dentro gritara lo contrario.
—Tú tampoco estás bien. Descansa. Ahora empacaremos —ella se