9:00 p.m.
A las afueras del complejo de villas.
Sebastián se encontró con Álvaro.
Eminente, arrogante, con ese aire de quien nació acostumbrado al poder y al dinero.
Álvaro fumaba, una sonrisa burlona en su rostro.
—¿Ha considerado mi propuesta, Señor Jiménez?
Sebastián reaccionó.
—¿Estás pidiendo que destruya la relación entre los Herrera y los Castro?
Álvaro arqueó una ceja.
Sebastián volvió a distraerse.
Álvaro le prometió ayudarle a establecerse en la capital, pero su exigencia era una so