Patricio acababa de terminar un turno nocturno y estaba a punto de irse a casa cuando Ricardo literalmente lo arrastró a una cafetería.
—Tómate un café, necesitas despejarte
Patricio frunció el ceño.
—Di lo que tengas que decir.
—Ayer, en el banquete de Sebastián, oí algunos rumores. Y hace rato, al salir de su casa, pregunté al mayordomo. Dijo... —hizo una pausa— que Carolina está... manchada.
Patricio no entendió.
—¿Manchada?
Ricardo resumió lo del acuerdo fallido.
—Absolutamente imposible —