—¿Querías decir que todo esto fue culpa de Valeria...? —La garganta de Sebastián se cerró, sus ojos captando cada marca en el cuello de Carolina.
Ella se levantó tambaleándose y se acercó.
—Ella me odia... me odia a muerte, yo...
De pronto, Sebastián retiró el brazo hacia atrás, esquivando su contacto.
El gesto la dejó paralizada.
Él maniobró la silla de ruedas.
—Ve a bañarte. Yo... necesito estar solo.
Limitado por su movilidad, Sebastián descansaba en una habitación de la planta baja.
Cuando