Valeria ya no dirigía su dulzura hacia Sebastián, y su tono era naturalmente frío.
Sebastián no se acostumbraba a su distanciamiento.
—Valeria, entre nosotros no hay un conflicto tan arraigado. Sobre el pasado, quisiera... —hizo una pausa—, pedirte disculpas.
¿Disculpas?
Valeria abrió los ojos y se incorporó, apoyándose en el cabecero de la cama.
¿En serio Sebastián quería disculparse?
¿Acaso había sufrido algún shock?
Valeria miró al techo.
—Ya no necesito tus disculpas.
Sebastián guardó sile