Todos brindaron juntos.
Valeria sonrió, con un brillo radiante que iluminaba la habitación.
—Gracias.
Después de eso, Eduardo apenas habló. Se sentó en silencio, bebiendo solo, su calma contenía una presión que parecía llenar la sala.
Vicente le preguntó:
—¿Qué te ocurre, hermano?
La mirada de Eduardo estaba fija en el suelo.
Quedaban unos días…
Unos días para que su divorcio fuera completamente efectivo…
Quizás el vino tinto que había traído Vicente era fuerte. Eduardo preguntó de repente:
—