La niñera se acercó rápidamente.
—Santiago, déjeme ver.
La nariz de Santiago estaba muy enrojecida, y él seguía frotándosela.
A la niñera le partía el corazón.
Siempre se dice que los niños sin madre son dignos de lástima.
¡Pero estos dos niños, incluso con su padre y madre biológicos presentes, seguían siendo dignos de lástima!
—Estoy bien, no te preocupes —Santiago, en cambio, consoló a la niñera.
La niñera trajo la medicina para el resfriado.
—Tomemos un poco de medicina.
La Señora Rosa lo