Todo transcurría de manera ordenada.
Carolina pensó que solo familias como los Vargas podían considerarse auténticas casas nobles.
—Señora, póngase cómoda.
—Muy amable, gracias.
Luego, Carolina encontró un asiento y se sentó a descansar.
Miró a su alrededor, observando, y de vez en cuando echaba un vistazo hacia la zona de los invitados masculinos.
Después de un rato, las demás invitadas charlaban en pequeños grupos.
En ese momento, Valeria entró por la puerta trasera.
En cuanto apareció, todas