Valeria esbozó una sonrisa seductora.
—¿Qué puede haber mejor que vernos en persona?
—Tienes razón.
Mientras hablaba, Josefa miró de repente a la directora Paula y la instó:
—Vamos, doctora, tómale el pulso a la señorita. Si realmente está embarazada, habrá que asignarle atención especial. Si se cayera o se golpeara, los anfitriones no lo tolerarían.
Carolina, con el corazón en un puño, extendió la mano.
La directora Paula le tomó el pulso.
En solo tres segundos, la directora Paula anunció:
—