Valeria no entendía en absoluto de qué estaba hablando Sebastián, así que simplemente colgó.
Tras pensarlo un momento, llamó a Eduardo.
—Eduardo, siento molestarte tan tarde.
La voz de Eduardo sonaba relajada.
—No es molestia. ¿Qué pasa?
Estaba en el hospital con su abuelo y aún no descansaba.
—Solo quería saber… ¿no te habrás encontrado sola con Sebastián, verdad?
Las palabras de Sebastián seguían acusándola a ella y a Eduardo.
—No.
Valeria bajó la mirada.
—Bien. Buenas noches.
Terminada la