El mismo día
New York
Lance
—Eres un ingrato —dice entre risas—, te has olvidado de mí tan pronto. Te llamo para felicitarte y no contestas ni el celular, pero aun así te quiero… te amo.
El silencio posterior pesa más que la voz grabada. Levanto la vista y ahí está Karina, apoyada contra el marco de la puerta. Sus ojos me atraviesan, ardiendo de furia contenida. La mandíbula le tiembla, los labios apretados. Sé lo que viene. Va a estallar, con gritos y reproches, y nada de lo que diga ahora serv